Corta de cojones

– Joder, que te pasas todo el tiempo con que si la vida es una mierda, y todo eso, y yo es que creo que te equivocas. La verdad, la gran verdad, la gran belleza de la verdad, es que esta vida se queda corta de cojones.  La viuda que me espera, me acaba de decir el corrector. Reconoce que tiene su gracia. La viuda que me espera. La vida que nos espera. Si es que a veces eres una incrédula, que ya te lo decía tu madre todo el rato. Y también te decía, acuérdate,  que en la vida hay que estar con la cabeza siempre alerta, como las flores. ¿Sabes que los pétalos de las flores sirven para atraer a los insectos para que las polinicen?

(No, no lo sabía)

– Por eso los pétalos de las flores son tan coloridos. Lluvia de pétalos. Como en nuestra boda. Me acuerdo de tu cara soleada cubierta de pétalos y de arroz bomba.

(Pero ese día llovía a cántaros, ¿no te acuerdas?)

– Claro que me acuerdo. Pero era tu cara la que estaba soleada. Y cubierta de pétalos, y con gotas de lluvia corriéndote por las mejillas, como afluentes de tus ojos.

(Es verdad. Incluso me preguntaste que si estaba llorando! Sí, de la emoción, te dije. Y lo mejor de todo es que te lo creíste!)

– Si es que ya sabes que soy muy crédulo.

(No como yo, que soy una incrédula)

– Cierto. Tan cierto como que harían falta dos vidas para entenderte y tres para dejarte. Pero vas a tener suerte. Que la vida, ya sabes, es corta de cojones.

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